Dark Hair eyes Girl Keeping Secret GUAYASAMIN
Al fin, en la otra orilla. Se cuestiona y muere y su pregunta crece y la almohada se mancha de rimel y ansiedades. Su regazo en guerra empuñado amanece secretando los restos de su antigua agonía. Ha encontrado los cofres, las arcas que perduran, el brillo del amor y el agua de su sed que ya pronto madura. Su eco renovado, exfoliado e ileso retumba en la alborada.
La gruta azul salina llena de sol la habita, la acuna en su placenta de miel y a su paso se arrodilla el oleaje.
Y la espuma le alfombra los pies entumecidos, sus nuevos estandartes, su agónica milicia que hoy se queda sin causa.
Ya ha puesto los andamios.
Ya ha cabalgado el cielo, arando entre las nubes, y ya abrió los portones encendiendo las luces. Y en el negro azabache que cae por su espalda le brilla la esperanza, las flores, las guirnaldas. Mas se apagan, se quiebran, se empañan con rozarlas. Es tan frágil la dicha en la desesperanza…
Es como si en la luz no pudiera ver nada. Y el frío la acechara raptándola del sol, de este sol hecho a mano, a pulso y con sudores de su fiel desengaño, de su despecho a muerte, de su venganza en ristre, de la cruel traición.
Como si todo aquello que ha pedido y llorado, que ha clamado y gritado, que ha soplado en clarines frente al mar, no sirviese de nada.
No sabe cómo aceptarlo en la paz dimitida de su prisión antigua, de esas fosas heladas que sirvieron de nido un día a la tristeza, a la cama desierta, a su viejo desgarro incubado en mil besos.
Paz. Hoy eres el trofeo. Te has fugado burlando la espera sin esperas, la antesala al orgasmo, al oro y al amor…
Si pudiera creer como creyera ayer y esperar la mañana acurrucada al sol, con la ilusión intacta pernoctando en las hadas de todas las mentiras que le contó su cuento.
Si la frente no tuviera marchita de dolores e incólume su alma cabalgara las ganas, si su abrazo, ternura y el himen de su fe se mantuviera invicto de tantas dictaduras, hoy podría amarlo y abrazarse a su estrofa, a su noche de ronda, a su acento profundo de muros estrellados, a su Jaipur amado y a todas sus especias que le huelen a karma, a su calma infinita, a su prisa finita, a ese viaje del brazo de su beso azulado.
Sin presentir, saber ni anunciar crónicas de muerte asolapada ni intuir que el fin implacable acecha con sus garras, y que el dolor no muere de la puta existencia y duerme en la otra orilla respirando cual bestia. Bufando. Esperando un descanso, un guiño, una caricia, un sencillo reproche, para saltar despedazando al aire los besos y el vacío.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada